El fútbol con el que crecí
9 febrero 2011 at 13:21 1 Comentario
Van pasando los años, uno mira hacia atrás y se da cuenta cómo han cambiado algunas cosas. Tengo que reconocer que me encanta rebuscar en todo lo relacionado con mi época de niño, me trae buenísimos recuerdos.
Una de las cosas en las que noto un cambio brutal es en el fútbol, mucho ha llovido desde mis primeros contactos con este deporte tan apasionante. El fútbol de mi infancia se vivía por la radio, eso de fútbol por la tele era la excepción y más si eras del Betis. Recuerdo esos domingos en los pinos metido en el coche escuchando el carrusel y esperando que saltara el pitido y “Goool en el Villamarín”, a esa voz seguía la intriga y los nervios por saber si el gol era local o visitante. El Betis de mi infancia jugaba en el Benito Villamarín y mis primeros partidos en ese estadio siempre fueron de pié e incluso sentado en el antiguo Gol Norte.
El fútbol de mi infancia era menos mediático y había menos divos, había futbolistas que se ganaban el pan en campos tan difíciles como Atocha, Las Gaunas, el Carlos Tartiere… campos donde sentías el aliento de la afición en el cogote. Futbolistas como el Tato Abadía, Carmelo, Ablanedo, Andrinúa, Pumpido, Recha, Chano, Gordillo, Calderé… tan lejos del prototipo de futbolista actual que en lo primero que piensa antes de los partidos es en el look con el que va saltar al campo y la celebración que va a hacer cuando meta el gol.
En esas fechas era impensable poder ver por televisión todos los partidos de cada jornada, si querías ver los goles había que esperar a estudio estadio. Viendo este programa siempre nos mosqueábamos mi padre y yo por el poco tiempo que le dedicaban al Betis, los goles y para usted de contar. Luego llegaría Canal Sur y el programa La Jugada que ya nos daba más bolilla.
Ahora todo se ha desmadrado, todo se ha mediatizado y se le ha dado una importancia exagerada a este deporte. Hemos ganado en comodidad a la hora de poder seguir a tu equipo por televisión. Pero tamnbién los medios han convertido a estos trabajadores de mi infancia en dioses intocables y han hecho que este deporte pierda ese romanticismo que tenía años atrás.
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1.
andres | 10 febrero 2011 a las 10:18
El mundo entero está dejando de ser auténtico. Más allá de las relaciones familiares, personales y determinadas cosas que nos generan sensaciones irrepetibles todo parece insulso, maquillado y mentira.
También la gente trata de distinguirse entre costaleros luciendo aquel costal hortera o zapatos de colorines, y se echan aditivos quiímicos a los dulces que antes eran artesanos y estaban más ricos. Compran ropa de marca falsa con el propósito de aparentar tener lo que quisieran y no pueden; podías comer una lechuga casi sin lavarla mientras que ahora te aconsejan remojarla con una gotita de lejía para neutralizar la acción de los pesticidas y demás venenos; las arrugas no estaban tan mal vistas y la gente era más feliz frente al espejo. Hoy nos meten por los ojos modelos de belleza irreales que revientan la autoestima de mozos y no tan mozos y parece que si no eres espléndida de la muerte tienes que operarte…